Por fin en el Kuna Yala

Antes de zarpar definitivamente hacia las islas de San Blas, en la región del Kuna Yala, fondeamos frente al Club Náutico de Cartagena y compramos las provisiones para varios meses, pues sabemos que en San Blas no hay “nada de nada”. Litros de aceite de oliva, de vino y agua, arroz, pasta, latas varias, etc… llenan todos los huecos del barco. Una vez listos decidimos zarpar a las siete de la noche del día 29 de diciembre, y es que al haber 200 millas de Cartagena a Panamá y una previsión de velocidad de 5 nudos, dan un total de 40 horas de navegación, por tanto, estaríamos llegando antes de las 11 del mediodía, una buena hora de luz para adentrarnos en el laberíntico enjambre de islas rodeadas de arrecifes de coral de San Blas.
El viento durante la travesía es fuerte, de entre 22-25 nudos, de nordeste, y nosotros nos dirigimos al oeste, a rumbo de 270 grados, por tanto estamos escorados a babor con una molesta ola de entre 2 y 3 metros de altitud que nos viene de aleta de estribor. Pero con la vela mayor y el Génova nos garantiza la velocidad que necesitamos para llegar en el tiempo previsto.
No obstante la travesía se hace un poco más cansada al fallar el piloto automático y por ello, tener que llevar el timón del barco a casi todas horas. Si a ello le sumamos que la marinera está k.o. por el mareo, llegamos a la conclusión que el capitán, tiene que realizar un gran esfuerzo de resistencia para llevar al “Lycka” a buen puerto. Pero por el día ya empezamos a ver peces voladores a nuestro alrededor y bonitas nubes que pasan por encima nuestro que nos distraen y emocionan.
Y se hace la segunda noche sin apenas darnos cuenta y al amanecer ya estamos cerca de San Blas, empiezo a ver a lo lejos las primeras islas: Coco Bandero. Pero prefiero entrar a San Blas por el ancho canal que se forma entre el conjunto de islas de Coco Bandero y el de Holandeses. Y es llegando a Holandeses que nos vienen a recibir y dar la bienvenida multitud de delfines que se van a proa del barco y empiezan a saltar. Alguno de ellos incluso realizan piruetas. Eso será un buen presagio de nuestra primera temporada en el Kuna Yala.
Y justo antes del mediodía del 31 de diciembre del 2014, llegamos al conjunto de islas de Chichimé a fondear. A la hora prevista si tenemos en cuenta, que habíamos quedado con una prima que venía a visitarnos desde Panamá.
La tarde estuvo tranquila. El ancla del Lycka aguantaba el empuje del viento, que era de entre 20-25 nudos constantes. El viento se escuchaba silbar entre las jarcias y al acercarse la noche, ante los preparativos de fiesta y de fuegos artificiales, el capitán no podía aguantar el sueño y el cansancio y se fue a dormir.
Y amaneció el 2015, en el Lycka, en el Kuna Yala, uno de los archipiélagos más bonitos del mundo.

 

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