Islas y más islas…

Hace mucho tiempo que no escribo en el blog y he pensado que ya es momento de retomar las historias de nuestro mundo a vela, de nuestro mundo en el Lycka.

Nos quedamos en Chichimé, una de las pequeñas islas del precioso archipiélago de San Blas, en Panamá, región del Guna Yala.

Ya habíamos visitado años atrás esta isla, que en realidad son dos, Chichimé grande y chichimé chico, separadas por un estrecho canal de agua donde ya han naufragado más de un barco. Años atrás estas islas eran preciosas y no es que ahora sean feas, pero Chichimé grande en los últimos meses ha sufrido una gran transformación. Los indígenas Kunas han sobre explotado esta isla. En mi primera visita tan solo había un pequeño bar llamado Jonhy Maracas y cuatro sencillas cabañas. En la isla vivían tres familias, cada una en una punta de la isla. Hace un año empezaron a construir, en la punta que quedaba libre con un palmeral precioso, una gran restaurante y cuatro cabañas más. Eso implica muchísimos más visitantes para Chichimé y por tanto, muchísima más basura y residuos.

Chichimé sin embargo, todavía guarda su encanto, el cual se puede disfrutar los días que a penas hay visitantes. En los días festivos es mejor no acercarse, pues para caminar deberás sortear decenas de tiendas de campañas y botellas tiradas por la arena, y para bañarte vigilar que ninguna lancha pase por encima tuyo. Una pena.

Los Kunas deben encontrar el equilibrio en el desarrollo de sus islas. Por un lado han permitido que estas islas sean únicas en el mundo por su estado prístino y sin extranjeros que puedan montar sus chiringuitos o negocios varios. No hay hoteles ni mucho menos resorts, un milagro en esta sociedad actual. Por otro lado, todavía tienen que trabajar en el tratamiento de los residuos, ya que en muchas islas y en las aguas que rodean las zonas más pobladas, hay mucha basura y no parece haber una solución para su tratamiento.

A su vez, por el escaso número de lugares de hospedaje y el aumento de visitantes hace que seamos más y más veleros y catamaranes quienes navegamos por este Archipiélago. También tendrán que regular nuestro acceso de alguna forma.

Mientras tanto, el velero Lycka buscará las islas del Kuna Yala menos explotadas y menos visitadas por los turistas y soñaremos que por aquí todavía no llegó Cristobal Colón con sus caravelas.

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Por fin en el Kuna Yala

Antes de zarpar definitivamente hacia las islas de San Blas, en la región del Kuna Yala, fondeamos frente al Club Náutico de Cartagena y compramos las provisiones para varios meses, pues sabemos que en San Blas no hay “nada de nada”. Litros de aceite de oliva, de vino y agua, arroz, pasta, latas varias, etc… llenan todos los huecos del barco. Una vez listos decidimos zarpar a las siete de la noche del día 29 de diciembre, y es que al haber 200 millas de Cartagena a Panamá y una previsión de velocidad de 5 nudos, dan un total de 40 horas de navegación, por tanto, estaríamos llegando antes de las 11 del mediodía, una buena hora de luz para adentrarnos en el laberíntico enjambre de islas rodeadas de arrecifes de coral de San Blas.
El viento durante la travesía es fuerte, de entre 22-25 nudos, de nordeste, y nosotros nos dirigimos al oeste, a rumbo de 270 grados, por tanto estamos escorados a babor con una molesta ola de entre 2 y 3 metros de altitud que nos viene de aleta de estribor. Pero con la vela mayor y el Génova nos garantiza la velocidad que necesitamos para llegar en el tiempo previsto.
No obstante la travesía se hace un poco más cansada al fallar el piloto automático y por ello, tener que llevar el timón del barco a casi todas horas. Si a ello le sumamos que la marinera está k.o. por el mareo, llegamos a la conclusión que el capitán, tiene que realizar un gran esfuerzo de resistencia para llevar al “Lycka” a buen puerto. Pero por el día ya empezamos a ver peces voladores a nuestro alrededor y bonitas nubes que pasan por encima nuestro que nos distraen y emocionan.
Y se hace la segunda noche sin apenas darnos cuenta y al amanecer ya estamos cerca de San Blas, empiezo a ver a lo lejos las primeras islas: Coco Bandero. Pero prefiero entrar a San Blas por el ancho canal que se forma entre el conjunto de islas de Coco Bandero y el de Holandeses. Y es llegando a Holandeses que nos vienen a recibir y dar la bienvenida multitud de delfines que se van a proa del barco y empiezan a saltar. Alguno de ellos incluso realizan piruetas. Eso será un buen presagio de nuestra primera temporada en el Kuna Yala.
Y justo antes del mediodía del 31 de diciembre del 2014, llegamos al conjunto de islas de Chichimé a fondear. A la hora prevista si tenemos en cuenta, que habíamos quedado con una prima que venía a visitarnos desde Panamá.
La tarde estuvo tranquila. El ancla del Lycka aguantaba el empuje del viento, que era de entre 20-25 nudos constantes. El viento se escuchaba silbar entre las jarcias y al acercarse la noche, ante los preparativos de fiesta y de fuegos artificiales, el capitán no podía aguantar el sueño y el cansancio y se fue a dormir.
Y amaneció el 2015, en el Lycka, en el Kuna Yala, uno de los archipiélagos más bonitos del mundo.

 

Antes de navegar

Llegamos al velero Lycka a mediados de noviembre que descansaba en el Varadero de la Marina Manzanillo en Cartagena. Y ahora empieza el trabajo de verdad. A todos nos gustaría poner el barco inmediatamente y salir a navegar, pero en un barco las cosas nunca son así. Antes de nada hay que limpiar el casco y ponerle capas de protección para que cuando navegue no se le enganchen moluscos y le impidan deslizarse suavemente sobre el agua. Hay que repasar las partes de madera del barco que sufren mucho en los climas tropicales por el fuerte sol, el agua de las lluvias y el viento. Lijar y barnizar se convierte en otra tarea fundamental. En nuestro caso también repasé la cubierta, que anque sea de maderas nobles hay que cuidarla.

Luego le tocó al motor, aceite, filtros, correas… y al motor del ancla, que al estar en cubierta recibe agua de sal y hay que limpiarlo. También cambiamos el tubo de escape que al estar en contacto permanente con agua salada estaba en muy mal estado.

Además, modernizamos ciertos aparatos electrónicos del Lycka, como el profundímetro o sonda y también el equipo de viento. Para éste último hay que subir al tope del mástil e instalarlo. El nos informará de la fuerza y dirección del viento respecto al velero.

Otro aspecto importante en un velero son las baterías. Normalmente llevan una para el motor y otras (en nuestro caso 6) de servicio, o sea, para la luz y aparatos electrónicos del velero. Van independientes, pero nosotros tenemos un mecanismo para poderlas conectar entre ellas en caso de necesidad. Por cuestión de seguridad cambiamos la batería del motor que a pesar de cargar no tenía ya la suficiente fuerza. En los climas tropicales las baterías se castigan mucho más y su vida es más corta.

Repasamos también el baño, la nevera, el gas y las tomas de agua y sentinas (las partes más profundas del barco).

Y por último los stays y jarcias (los cables y resistencias que sostienen el palo de la vela a la cubierta del velero). Ahí también tuvimos que hacer algunos cambios pues el óxido ataca a todo el acero del barco.

También como medidas de seguridad cambiamos chalecos salvavidas por unos nuevos y pasamos la revisión de los 3 extintores del velero.

Luego pasamos a las cosas de habitabilidad y comodidad. Compramos sábanas y almohadas nuevas, también colchonetas nuevas para un asiento de popa, toldos para el sol y para recoger el agua de la lluvia e incluso nos atrevimos a hacer un horno solar, para cocinar en alguna ocasión con la energía del sol.

Y por fin… todo a punto, el Lycka fue para el agua.

Antes de embarcar

Cuando alguien piensa en una aventura en velero por el Caribe se imagina en el acto estar entre diminutas islas de arena blanca y palmeras. De hecho así se siente uno al llegar al archipiélago de San Blas, en Panamá, hacia donde pronto navegaremos a bordo del Lycka.

No obstante, para el capitán y la tripulación no todo es tan rápido ni tan fácil. Para todos los que nos conocéis, sabéis que el capitán es español y su pareja venezolana y el velero Lycka está en Cartagena (Colombia). Eso significa que antes de zarpar, hay que ir desde Barcelona, a Venezuela y luego a Colombia y además, cargado de maletas donde las cosas de uso personal son un 10 por ciento y el restante 90 utensilios para el barco (desde material de buceo, snorkel, instrumentos, etc.). Alguien estará pensando que sería mejor comprar todo eso en Venezuela o en Colombia, pero quien lo piense es que no conoce bien esos dos países pues en un primer momento muchas de esos objetos no se encuentran allí y de encontrarlos, como casi todos son importados de Europa o EEUU, son muchísimo más caros. Un ejemplo: equipo de snorkel consistente en un par de aletas y máscara, en Colombia 70 euros en cualquier Decathlon de España 15 euros. Solo falta hacer un poco de números para imaginar cómo íbamos cargados en los vuelos hacia el Caribe.

Soñar es fácil pero antes hay que luchar y sufrir un poco.

Después de tres vuelos, 12 horas y más de cinco mil quilómetros (y pagar algo de sobrepeso) viajamos de Barcelona a Venezuela, con cuatro maletas de 23 kilos y 2 equipajes de mano de 10 kilos cada uno, en total, 112 kilos… llegamos cansadísimos a Mérida, en los andes Venezolanos. Suerte que la ilusión pesa mucho más.

Pronto cruzaremos los Andes en coche hasta Cúcuta (Colombia) para volar hasta Cartagena de Indias y subir todo ese equipaje y la ilusión a bordo del Lycka.

Síguenos antes de zarpar.

Empieza la Aventura

Dentro de unas pocas semanas empieza una nueva aventura de vida a bordo del Lycka. Después de haber viajado por el mundo durante los cuatro últimos años, decido retrasar o abandonar mi regreso a la vida sedentaria y seguir siendo un nómada, pero esta vez, cambiando mi mochila por un velero llamado Lycka.

Conocí el mundo de la vela en el mar Mediterráneo, de mano de mi gran amigo Jordi. En mi primera vuelta al mundo, después de atravesar Rusia (con el Transiberiano), Mongolia, China, Corea del Sur, Japón, Australia y EEUU, llegué a Martinica en el Caribe, para navegar las pequeñas Antillas durante seis meses a bordo de un velero de 13 metros de eslora llamado “Vilaine” (villano en francés). Corría el invierno del año 2011. Junto a Jordi y tres amigos más navegamos desde las Islas Vírgenes a Granada y allí nació mi pasión por la navegación a vela.

No obstante, después de esos seis meses desembarqué del Vilaine, como una persona nueva, y proseguí mi viaje en mochila, pues me había propuesto dar la vuelta al mundo. Del Caribe me dirigí a Venezuela (donde conocí a Alejandra, mi actual pareja y la mujer con que me casé), Brasil, África (que crucé desde Ciudad del Cabo en Sudáfrica hasta Egipto), Israel, Jordania, Turquía y Barcelona.

Pero en 2013 debía tomar una decisión: volver a mi vida anterior (del despacho a casa y vacaciones de un mes al año) o poder vivir de mi pasión (los viajes y el mar). Mi decisión fue conseguir un velero económico pero fiable y por casualidad conocí al Lycka en Cartagena de Indias.

Era el verano del 2012, durante mi viaje de vuelta al mundo, cuando viajaba por Centroamérica. Estaba recorriendo Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y llegué a Panamá. De Panamá a Colombia no había rutas por tierra y encontré una ruta por mar en un viaje por el Archipiélago de San Blas. A mi llegada a Cartagena fui a ver al Lycka y me encantó. Como me pasó anteriormente, de Colombia seguí viajando por Perú, Bolivia, Chile, etc, pero al Mar Caribe y el Lycka quedaron grabados ya en mi recuerdo.

En marzo del 2014 lo compré y así empecé a soñar en un nuevo proyecto, una nueva aventura de vida. Había leído muchos libros de navegantes. Mi favorito “Hasta donde me lleve el Viento”, “Felicidad en la Mar”, “Aventura a toda vela”, y los clásicos de B. Moitessier, Joshua Slocum, etc. Pero tendría tanto que aprender.

Si quieres seguir nuestra aventura por el mundo a vela, ¡síguenos! Sube a bordo del Lycka. Empieza la Aventura.